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DRAMATURGIA

Esta dramaturgia fue desarrollada durante el proceso de la clase de Puesta en Escena de Dramaturgias conducida por la maestra Maria Adelaida Palacios y Víctor Quesada. 

La hora

Del 

Uno

Con

Uno

Chapinero, Bogotá. Carrera séptima con calle 51. Acera. Paradero de buses con techo y banca, bajo el costado izquierdo del techo hay una vitrina de vidrio sin publicidad, pero con unos papeles dentro en vez de esta. A la derecha del paradero hay unas canecas. Es de madrugada y la única luz es de un farol callejero a la derecha de las canecas, y del letrero de Pepsi detrás del paradero que dice “Cafetería y Bar Manjares”. 

Sobre la banca está un Señor despeinado, en pijama y con un esfero detrás de la oreja, tiene un montón de papeles encima de la banca y encima suyo; los esculca, los lee en voz baja y en voz alta, bebe café de un gran termo, le añade azúcar de una coca a su otro lado, sigue leyendo. Tiene a un perro amarrado a él a través de una correa. 

 

SEÑOR: Escuchar. Ante todo, escuchar… El contacto físico como puente. 

 

El Señor hace diferentes gestos en relación a la idea de “contacto físico”, sin abandonar los papeles. Prueba abrazos, palmadas, dar la mano como gesto de saludo, etc. Esta acción de contacto físico en este preciso momento se desarrolla, luego se detiene para seguir leyendo, a pesar de que estos gestos se conviertan en un hábito del personaje. 

 

SEÑOR: Inspirar… Dar ejemplo… en… Transmilenio, trabajo, filas del banco… Amabilidad. La amabilidad inspira confianza y el contacto físico permite entrar en ámbitos más íntimos… Contacto físico. Ah sí, privacidad. Unión… “Las metáforas ayudan a ampliar las posibilidades del puente…” La auto atribución inspira confianza. Confianza. Confianza… Confianza… 

 

De repente se voltea brusco y empieza una mímica como si conversara con alguien más: exclama, se disculpa, se corrige, explora diferentes maneras de decir lo que dice, se inventa historias, para al final volver a sus papeles. (El perro reacciona asustado ante este comportamiento. Abandona su insistencia por unos momentos, luego la retoma cuando ve al Señor menos alterado.)

 

SEÑOR: ¡Qué!... Qué pena con… ¿Disculpe? No le escuché. Perdonará usted, pero mi atención no es muy buena… ¿Qué? Perdón... ¿Disculpe? Tengo TDAH, ¿sí…? Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad… no, problemas de audición desde bebé… desde niño, me pegaron un balonazo en la cara y caí contra el arco, no, no, caí contra la esquina de la acera y desde entonces… 

 

El perrito, Hoder, se empieza a poner cada vez más y más inquieto. Tiene frío.

 

SEÑOR: (Suspira y se reacomoda) Li-de-raz-go: La Idea De Educar Rima Ante la Zozobra Grande del Odio… Hoder, quieto. Li-de-raz-go: Limpieza Intensiva De Eufóricas Ratas Acomodadas, Zoofóbicas, Grotescas y Odiosas… Li-de-raz-go… Buen día. Buena noche. ¿Le podría ayudar con algo?... (Pausa) Lista Infinita De Estúpidas Razas… “Zeta” y “ge”… ¡Hoder!... No molestes, aguanta otro poco, son las… ¡casi cuatro de la mañana! 15 minutos más, ¡además no está haciendo tanto frío!… Si hubiera asilo de perros no lo dudaría ni un segundo. Más vale que te aguantes por lo menos 15 minutos más porque estoy ocupado. (Pausa) Liderazgo. Li-de-raz-go: …y si te consigo una caja, ¿la usarías como saco? O una bolsa… Va alguien y te confunde con un perro muerto… Mira Hoder, la verdad es que es divertido sacarte a pasear y te gusta, ¡entonces qué importa la hora si incluso ahorita no hay quien nos moleste! Es divertido sacarte, pero cuando yo decido, no cuando tú me impones. Si supieras algo de liderazgo entenderías que para mí es importante estar acá. Debo saberme esto a la perfección para dentro de cuatro horas… Hoder, si yo estuviera en una jaula con otros cuatro o cinco humanos más, ¿me escogerías a mí como a tu mascota o escogerías a algu… ¡LIDERAZGO! 

 

El Señor corre a la pared del fondo y con una tiza anota grande con afán: 

  L a hora de

  I maginar la 

  D evelación,

  E l eclipse de la 

  R epetición 

  A nte

  Z ancudos que 

  G ruñen

  O rrible 

 

SEÑOR: No… horrible es con “h”… 

 

Hoder vuelve todavía más intensamente a los pies del Señor. 

 

SEÑOR: Está bien Hoder, vamos rapidísimo por tu saco que cómo me llevo este trasteo. Hay que dejarlo mientras tanto…

 

El Señor sale de escena.

Una Escobita, vestida como tal y con su carrito de barrendera cerca de ella, en el cual lleva un rastrillo, una escoba, un recogedor y una pala, entra barriendo la acera frente al paradero. Escucha música de un pequeño radio que tiene sobre el carrito mientras habla en voz alta. (En algún rincón, ya sea detrás del paradero de buses o en algún otro lugar donde no vea el público, hay un Niño Habitante de Calle dormido con un cuadernito y un esfero entre sus manos)

 

ESCOBITA: Agua…. Agua… Cobijas. (Frena en seco por un momento y continúa barriendo) Entonces pedimos turno justo esta noche… Tomando decisiones por mí, sinvergüenza. Y esta noche parece que no fuese a acabar nunca, las últimas tres horas siempre son eternas (Empieza a sollozar) Irinig (Deja de sollozar abruptamente) Goyani. No. Jatula, Iring, Matchka. Birala. Písica. Billi… Disque Billi, Edgar no entiende que es NIÑA… Billi… Aaaaaadriana. Casquita, Ramona… (Dirigiéndose a recoger los papeles sobre la banca y en el piso algunos) ¡La gente sí es muy descarada! Con la caneca al lado y… (Suspira) Calle, Calla, Callita, sí, como de Claudia, Calli… Piso, Pavimento, Pavimenta, ¡Pimienta! Y he escuchado de gatos con ese nombre… O… Noche, Negra, Azul… Azul… Azula… Gata. Será Gata y punto. Cantidad de tiempo que hay en este oficio para pensar de más… (Silencio) ¡LEI! Como la gata de Sari que le regaló Ani… 

La Escobita se paraliza al escuchar los ruidos que hace el Niño, al cual aún no ha visto. El Niño, quien se ha despertado, escucha atento los movimientos de la Escobita y la busca sigiloso con la mirada mientras genera ruidos en diferentes partes del escenario, creando así una atmósfera de suspenso. La Escobita se acerca a su carrito lentamente, cuando lo alcanza apaga el radio que yacía encima y pone la escoba en posición de ataque como si pudiese defenderse con ella. El Niño escucha atento los movimientos de la Escobita y la busca sigiloso con la mirada mientras crea ruidos en diferentes partes del escenario. De repente lanza una piedrita hacia el lado izquierdo del escenario y, aprovechando que la Escobita ahora busca con la mirada y amenaza con su escoba hacia las patas de la izquierda del escenario, aparece por el lado derecho de las canecas, saca un papel de su cuadernito y lo revisa, anota algo en él afanosamente, se guarda el cuadernito y el esfero, el papel lo dobla varias veces intentando no hacer ruido. Se levanta de donde estaba y se dirige a la vitrina mas, al ver a la Escobita detrás, desiste y empieza a buscar en qué otra parte de la estructura de las canecas puede embutirlo. La Escobita mientras tanto habla a las patas del escenario. 

 

ESCOBITA: … ¿Buen día?... Soy una Escobita, por favor… sólo estoy trabajando… 

 

El Niño termina por meter el papel bajo una de los soportes de las canecas y sale corriendo del escenario, sin embargo, antes de salir del escenario se le cae un pequeño portarretratos dorado. La Escobita se voltea al oírlo correr, no alcanza a verlo, pero escucha algo caer.

 

ESCOBITA: … ¿Hola? (Anda cautelosamente, de repente encuentra el portarretratos. Lo recoge) ¿Será de oro? … Ha debido ser un ladrón ¡claro que es de oro!

 

La Escobita detalla el portarretratos, le llama la atención la fotografía en este, pues es de una mujer con un vestido de bodas. Vuelve a la banca del paradero de buses y se sienta. Luego de un rato de mirar la fotografía en el portarretratos se pone a llorar. De repente, la Escobita cesa su llanto al escuchar una voz, guarda el portarretratos entre la ropa. La voz, que pertenece al Señor, cada vez se escucha más cerca. 

 

SEÑOR: (Habla como si le dijese imperativamente a alguien el siguiente texto) Buen día. Buena mañana. Buen amanecer. Buen café. ¿Buena noche? ¿Buena noche? ¿Bue-na no-che? Bien, bien, bien… (Pausa) La hora de Imaginar la Demora y el Encierro como una Repetición del Antedía para así Zafar las Ganas de Olvidar el Orden… 

 

Por fin entra Hoder al escenario, tiene puestos guantes en sus patas y un saquito. Este logra entrar incluso hasta la mitad del escenario, a pesar de su correa, la cual se estira hasta allí. Hasta ese momento entra el Señor, el cual va en pijama, con varias capas de abrigos encima y hablando en voz alta. 

SEÑOR: … Doble “o”… No, de nuevo: Lágrimas Infortunadas por el Dolor de Enganchar el Requerimiento de A….mar a un Zancudo Gorgojo Ostentoso Ordinario Oligar…

El Señor se interrumpe al ver a la Escobita por primera vez, la cual lo está mirando fijamente. 

 

SEÑOR: Buen… amanecer, señorita. ¡Mis papeles! ¡Mis papeles! (Corre y los encuentra sobresalientes de una bolsa de basura) ¡Quién pensaría que se trata de basura! ¡Basura esta ciudad entera! Realmente es que así pasa con los estudios, ¡como basura! ¿Y toda la inversión de tiempo y de energía? ¡Y de dinero! (Ha revisado que toda la bolsa son sus papeles, así que decide quedársela, la levanta como abrazándola) Vaya noche cálida para esta ciudad, ¿no le parece? (Silencio. Se percata del carrito de la Escobita) ¿Suyo? (La Escobita asiente. El Señor detalla cada artículo del carrito) ¿Anda en horas… laborales?

ESCOBITA: Sí. 

SEÑOR: (Señalando la banca) ¿Puedo?… ¿o la interrumpo? 

ESCOBITA: No, adelante. 

SEÑOR: Muy amable. (Se sienta. Recoge la correa de Hoder hasta que lo tiene contra sí) ¿Entonces está usted tomando una pausa…? Estará cansada. Claro, ¡vaya horario de trabajo el que se consiguió! Además, con esta noche tan fría y tan osc….

ESCOBITA: Estaba llorando. 

SEÑOR: Llorar siempre es bueno. Ayuda a sacar las aflicciones del corazón y la cabeza. Llorar es bueno siempre y cuando sea por razones que nos permitan crecer como personas. Cuénteme por qué llora. 

ESCOBITA: Es Edgar. 

SEÑOR: Dicen que el agua limpia e imagínese usted, ¡agua que le sale de los ojos! ¿Entonces qué le pasó, señorita? ¿Una caída? 

ESCOBITA: Mi novio Edgar me propuso…

SEÑOR: ¡¿Un robo?! Claro, estas horas de la noche y por esta zona…

ESCOBITA: Bueno no me robaron, pero sí apareció alguien por acá hace un rato.

SEÑOR: Eso es. Dígame, ¿usted escogió su horario de trabajo? (Cuando la Escobita va a responder, la interrumpe) ¿Escogió la zona?

ESCOBITA: No, señor. Los horarios los vamos rotando semanalmente. 

SEÑOR: Entonces lloraba por eso. 

ESCOBITA: No, en realidad es sobre mi novio Edgar que…

SEÑOR: ¡El amor! Lágrimas Infortunadas por el Dolor de Enganchar el Requerimiento de Amar a un Zancudo Gorgojo Ostentoso… Discúlpeme, discúlpeme. Discúlpeme, señorita no ha sido mi intención hablar de tal modo y hacer juicios de valor sin conocerla a usted, o a él. Quizás es mejor que me vaya. Ha sido un placer, en esta bogotana mañana… cálida, saludarla a usted, señorita. Le ofrezco mis mejores deseos y…

 

El Señor a medida que va diciendo el último texto, se va parando de la silla y empieza a caminar en reversa en dirección de donde vino, lleva a Hoder tras de sí, no muy lejos. De repente se calla, se voltea dando la espalda a la Escobita, reflexiona un momento y luego sale. La Escobita saca el portarretratos y se pone a llorar de nuevo, súbitamente vuelve a interrumpirse al ver al Señor volver, el cual entra decidido y frena en seco al hacer contacto visual con la Escobita, quien vuelve a guardar afanosamente el portarretratos. El Señor retoma su rumbo hasta que llega en frente a la Escobita. Hoder sigue fuera del escenario, aunque sabemos de su presencia porque sigue conectado al Señor por medio de la larga correa. 

 

SEÑOR: Buena noche, señorita.

ESCOBITA: ¿Qué quiere? Ya nos habíamos saludado. 

SEÑOR: Es verdad, tiene usted razón, pero necesito comenzar de nuevo. ¿Podría…? 

ESCOBITA: (Tras un momento sin responder y mirándolo fijamente) Adelante. 

SEÑOR: Buen aire, señorita. 

ESCOBITA: ¿Aire?

SEÑOR: Es una noche fría, pero no deje que eso empañe su ánimo. (Señalando la banca) ¿Puedo…?

ESCOBITA: Adelante…

SEÑOR: Es usted muy amable. (Se voltea al carrito de la Escobita) ¿Suyo? 

ESCOBITA: …Sí…

SEÑOR: Será de su oficio. Entonces cuénteme, ¿por qué llora o lloraba usted? 

ESCOBITA: … Edgar. 

SEÑOR: Ajá.

ESCOBITA: Mi novio, que también es Escobita. 

SEÑOR: Ajá.

ESCOBITA: Resulta que me propuso matrimonio…

SEÑOR: ¡Espléndido!

ESCOBITA: Sí… Pero me lo pidió en el trabajo y yo no quería que fuera así. 

SEÑOR: Nadie querría que fuera así. 

 

La Escobita vuelve a romper en llanto, aunque cesa significativamente cuando el Señor se corrige. Mientras tanto, el Señor ha ido recogiendo la correa de Hoder, el cual está cada vez más cerca a su dueño.

SEÑOR: Es decir, ¡toda mujer merece algo mejor que eso! ¡Pero no se preocupe que podemos arreglarlo!

ESCOBITA: ¿Podemos? 

SEÑOR: Cuando era pequeño quise hacerme una tarima en casa para cantar, lo que hice fue coger todos los cuadros de la casa y ponerlos unos sobre otros, como no me era suficientemente alta, cogí el retrato de mis padres y lo puse como escalón final, sin embargo, cuando fui a subirme -mis cálculos fueron malos, era muy joven- la montaña de arte se vino abajo y la foto cayó. El marco se rompió en mil pedazos. Cuando llegó mi madre se enojó muchísimo conmigo porque era la foto de su boda y…

La Escobita rompe en llanto al escuchar la palabra “boda”. El Señor no sabe cómo accionar hasta que empieza a repasar sus gestos de “contacto físico”, escoge uno de ellos y lo aplica sobre la Escobita. Aunque conserve su distancia, le da golpecitos delicados en la espalda a la Escobita de vez en cuando (gesto que hemos visto antes hacer solo), y de ser necesario le ofrece kleenex que lleva en un bolsillo. Al cabo de unos momentos, retoma su relato. 

 

SEÑOR: Sobre aquella vez de mi madre, se enojó tanto que tuve que ponerme a vender cartas para reponer el portarretratos. Entonces en el recreo del colegio salía a la cancha de basquetball y sacaba un pequeño letrero que había hecho en cartón que decía “Vendo cartas de amor, todas a mano, artesanales”, y así los niños empezaron a comprarlas, aunque no lo creas, los que más pedidos me hacían eran los niños grandes, los de últimos grados que tenían novias. Sí, eran los hombres los que más me compraban. Y eran supremamente específicos, me decían si querían la letra inclinadita o no, el color del esfero, o marcador, o a veces se ponían creativos y me pedían disque letras de recortes de periódico o revistas, me pedían perfumes en…

 

El Señor se interrumpe a sí mismo porque un Habitante de Calle harapiento ha entrado a escena y se dirige hacia ellos.

 

HABITANTE DE CALLE: Camarada, una monedita. Madrecita, una monedita para un hombre con hambre. Huy señorita, perdone a este pobre pordiosero que se acercó en un mal momento. El hambre a veces lo enceguece a uno. Pero la humanidad no se pierde. ¿Y eso qué le pasó, se le murió el novio?

 

La Escobita, que se había tranquilizado, vuelve a llorar. 

 

SEÑOR: ¡Qué...! ¡Pero qué falta de delicadeza la suya, hombre! ¿Acaso siempre se acerca usted así a una mujer en llanto? 

 

HABITANTE DE CALLE: Si es tema de amor yo la puedo ayudar, madrecita, aquí donde me ve yo soy el Don Juan de Chapinero, y como todo buen consejero estoy dispuesto a escuchar. Y puede confiar en que soy un baúl de secretos sin fondo. 

 

SEÑOR: Disculpe usted, pero yo ya tomé ese rol y la estoy ayudando con…

 

HABITANTE DE CALLE: Compartir es vivir se dice por ahí entre quienes habitamos la calle. ¿Sí la ha escuchado?

 

SEÑOR: Pues yo aconsejo desde que tengo 12 años. Todo un maestro en el amor y…

 

HABITANTE DE CALLE: Señorita, ¿qué la aflige?

 

La Escobita, quien ha cesado su llanto durante la conversación entre el Habitante de Calle y el Señor, levanta el rostro y se voltea a ver al Habitante de Calle que se ha sentado a su lado y le ha puesto la mano en la espalda. 

 

ESCOBITA: Edgar, mi pareja sentimental, me pidió matrimonio… pero… ¡ese Edgar!... dos años hablando de ese mágico momento…

 

SEÑOR: Se lo pidió en el trabajo. 

 

ESCOBITA: (Algo confundida y quizás ofendida por la interrupción continúa) Le dio por pedírmelo disque mientras nos cambiábamos antes de salir a trabajar… y pues claro que yo le dije que sí, pero habíamos soñado con las flores, con las velas, con los músicos, ¡Ni siquiera puedo hacer joyas en horas de trabajo!

 

SEÑOR: Entonces yo le estaba diciendo a la señorita que le puedo ayudar con una carta para comunicarle a su pareja… 

 

ESCOBITA: Edgar.

 

SEÑOR: ...su inconformidad con la situación y la sugerencia, en realidad imperativa… pasiva agresiva, ¿entiende?, de la repetición del momento, así como diciéndole que le damos una “segunda oportunidad” para que se reivindique, puesto que no es propio de ningún caballero precipitarse de esa manera sobre todo ante un tema tan delicado como lo es el amor… y el matrimonio, vaya… hermoso acontecimiento, oportunidad que brinda la vida a aquellos…

 

El Habitante de Calle que ha sacado entre los harapos un pequeño cuaderno, lo interrumpe leyendo un poema de su autoría. 

 

HABITANTE DE CALLE:  La noche de lanzas heladas nos acorrala hasta encontrarnos, 

Tu sonrisa lunática cuaja mis mejillas y algo más. 

¿Es acaso tu mordisco la bendición del Hombre Araña?

Hazme caso y cree en el destino que teje el Cupido bélico de esta noche.

Tras mis pasos aproxímate como una leona cazando un cocodrilo.

Tras mis pasos contén tu aliento hasta que se encuentre con el mío y compartamos la cena. 

Bella noche lunática que me atrapa en su babosa telaraña, ¿qué tan loco me traes hoy?

 

SEÑOR: Ahora me va a salir con que es poeta y… 

 

ESCOBITA: (Al Habitante de Calle) ¡Precioso! ¿Lo escribió usted?

 

HABITANTE DE CALLE: Ni menos faltaba.

ESCOBITA: Y pudiera… ¿usted quizás podría ayudarme con la carta? Se lo agradecería…

 

HABITANTE DE CALLE: Claro que la ayudo, madrecita, pero es cierto que eso de crear con el estómago vacío es verraco…

 

SEÑOR: Lo que faltaba. Así como el amor ha de ser incondicional, los favores, favores son. Yo en cambio, señorita, no le…

 

ESCOBITA: Será que con esto… ¿Tiene hambre? ¿Qué horas serán ya? Disculpe, ¿tiene horas?

 

SEÑOR: Pues ya nos acercamos al amanecer… la ciudad está pronta a despertar, y con ella sus cafeterías. (Silencio) “La hora del unoconuno” le llamo yo, esa hora en que ya cerraron los bares, pero no han abierto las cafeterías. Esa hora en que la gente nocturna como nosotros debe enfrentarse a su soledad… 

 

HABITANTE DE CALLE: “La hora del unoconuno”… (Se para de la banca y se dirige a donde da el foco de luz del farol) Un escenario. Un escenario hecho por la calle misma, ¿lo ven? Eso que decía usted… Yo veo nocturnas escenas teatrales debajo de cada farol, y a veces cojo y me hago ahí, como aquí, y me pongo a hablar solo. Así han nacido muchos de mis poemas. Y es entonces que un mendigo que pidiera limosna a estas horas sería todo un actor, y el punto estaría en que no hay nadie a quién pedirle la limosna. 

 

Hoder se pone a ladrar al Habitante de Calle. 

 

HABITANTE DE CALLE: ¡Claro que se trata de ello, César! 

 

SEÑOR: (Mientras coge a Hoder entre sus brazos e intenta tranquilizarlo, corrige al Habitante de Calle al referirse a su mascota) Hoder.

 

HABITANTE DE CALLE: (Ignorando por completo la corrección del Señor) Yo alguna vez tuve un sueño. Pero la humanidad es cruel y sólo sabe hacer bulla. ¡Ladra, César, ladra! ¡Ataca al humano que sólo habla y no escucha el eco que le responden estas calles frías! (Empieza a llover) ¡Bulla! ¡Bulla, que no hay dueños de nada a estas horas! ¡Eres libre, César! ¡Has invocado a la lluvia y ahora esta cae sobre nosotros! (Empieza a reír. Con su risa se va calmando hasta que esta cesa. Se vuelve al Señor y a la Escobita que lo miran atentos. La Escobita se para de la banca y mete su carrito debajo del techo del paradero) Gracias señores, el acto de esta noche.

 

El Habitante de Calle hace una venia y se vuelve a dirigir a ellos escampando de la lluvia, sin embargo, en vez de sentarse se dirige a la vitrina y observa los papeles dentro, agarra el gran vidrio y lo quita, o encuentra alguna pequeña puerta que le permita meter la mano dentro y sacar los papeles, los cuales detalla mientras dice el texto siguiente, los va clasificando, algunos los dobla y guarda en un bolsillo interno de su saco. Cuando termina de leer los papeles que tiene en mano, los relee algo confundido buscando alguno que no encuentra. Empieza a buscar cada vez más afanosamente en cada rincón del paradero. Busca en cada grieta del vidrio de la vitrina, busca en las esquinas, busca entre los pequeños huecos de la estructura, etcétera, hasta que encuentra con la mirada el papel debajo del soporte de la caneca el cual se queda mirando unos momentos, pero sin recogerlo. La Escobita que no se ha vuelto a sentar y, ante el comportamiento del Habitante de Calle, se aferra a su carrito como si temiera algo. El Señor se mantiene alerta.

 

HABITANTE DE CALLE: Entonces siempre habrá un deber que lo detenga a uno de lo que le pide el espíritu, ¿sí o no, madrecita? ¿No desea usted profundamente poder quitarse esa ropa de barrendera y correr a Edgar y zamparle un beso? O bueno, sacarle la lengua o lo que quiera. Pero ahora llueve y usted barre. Y por barrer no puede salir corriendo. Lo bueno, señorita, es que gracias a usted, estas lágrimas del Di-s bogotano de la noche pueden irse a la mierda fácilmente por las alcantarillas, porque no hay basura que las detenga en su entrada. Usted ha barrido el propio camino de su destino. ¡PERO LO HA BARRIDO ANTES DE SIQUIERA HABERLO ANDADO!  Yo no sé madrecita, por lo menos tiene la libertad de pensar, no como los ejecutivos que sólo pueden pensar en plata, de dónde sacarla y en qué gastarla, nada más, existen ellos y su núcleo, uno se desdibuja ante ellos como una sombra de la rutina, como otro bolardo más que estorba. ¿No le parece, señorita? Usted que viste de azul. En cambio, uno tiene tiempo para pensar en uno, en ellos, en la vida… Y ahora sí, como decía usted (señala al Señor), todos quienes podemos asistir a esta hora mágica tenemos la posibilidad de pensar. ¡De pensar en la vida! Y yo pienso: qué es vida, sino esto. 

 

El Habitante de Calle detiene su búsqueda. Largo silencio. Se oye la lluvia. 

 

HABITANTE DE CALLE:   Escuchad a la noche amigos míos, 

En su silencio de sol, el portal mágico 

Propone la muerte del tiempo cada noche. 

La ceguera humana por la omisión del trayecto 

Nos va distanciando los unos de los otros 

Como los astros que huyen entre ellos, 

Entendiéndose cada uno por aparte, 

Centro del verso. 

 

Venas de gargajos humanos,

Piel de bloqueo humano,

Antenas, artificio humano,

Vida sepultada.

Guerra interna. Humana. 

Limosna humana. 

Humanos demasiado humanos. 

Este instante de la noche es un indigente, pues carece de tiempo. Nunca, duna alguna, será tan desierta. El humano mismo ha sepultado la vida que le hacía cosquillas a los pies para jamás volver a quitar su mirada del frente, vivirá en el filudo medio condenado por sí mismo. Omitirá el gran portal del cielo y hará ficticias sus catarsis a través de rectángulos a su medida. La ciudad nos acoge porque hemos escupido hasta esculpirla. Y así nuestra creación nos ama, y nosotros la amamos a ella. La barremos, la habitamos y, sobre todo, cual iglesia jamás la cuestionamos. Los rebeldes lloran. (Al Señor y a la Escobita) ¿Lloran? 

La lluvia cesa. 

 

SEÑOR: Yo creo que “La hora del unoconuno” es precisamente ese momento en que estamos exentos de ser parte activa del tumulto de esta ciudad de competencia... 

 

HABITANTE DE CALLE: Camaradas, para calmar los fuegos e invitarlos a imaginar, una obra:

 

Lo siguiente es una escena de otra obra de teatro que el Habitante de Calle interpretará para el Señor y la Escobita, tomando el rol del Abogado y del Narrador. 

 

ESCENA ABOGADO. 

En un salón muy sobrio y sombrío, casi como de interrogatorio, Eric sentado en una silla. A su lado y rondando, el Abogado, quien camina impaciente pero firme mientras dialoga con Eric. 

ABOGADO: Será más un riesgo dejarlo a usted en libertad que meterlo en prisión. Los sapos tienen atestada la ciudad, aparecen de cada hueco sin importar el sector ni la hora. Pelearse con mafioso sale más fácil, pero con un policía implica verlo reproducido por mil y regado por toda la ciudad a diario. Vamos Eric, le pondré el caso de nuevo sobre la mesa, pero por favor preste atención al relato porque si finalizándolo no se le ocurre solución alguna…

Bien: usted, quien va pasando en frente al Oxxo de la carrera tercera con calle 19, Centro de Bogotá, decide botarle un discurso moralista al policía que ve colándose injustamente en la fila dentro del Oxxo. Este, antes de pagar sus productos -dos gansitos y una Ponymalta-, los toma del mesón de la caja y sale a la calle sin haber pagado aún los productos, usando como justificación el salir a hacerle frente a usted que lo está, abro comillas, insultando, cierro comillas. Palabras que usted parafrasea del acusante, aclaro. En ello el policía, después de guardarse la merienda en los bolsillos de su chaqueta verde brillante, agarra su bolillo y le indica a usted, como amenaza, que deje de, abro comillas, insultarlo, cierro comillas. Usted… según me dice, lo patea y hace una declaración de guerra hacia todos los policías que, abro comillas, toquen Bogotá, cierro comillas… Entonces un compañero del policía que pasa por ahí, -¿no le decía que esos salen de hasta las grietas del piso?-,  lo toma a usted, lo esposan… Y bueno…

Silencio.

Debo confesarle Eric, que no deja usted muchas esperanzas para salirse de esta muy fácil… (Eric va a hablar y justo antes de ello el Abogado lo interrumpe) Eric, sé lo que va a decir. Siento decepcionarlo viejo amigo, pero ya le había contado de mis planes y, aunque le aprecio, no tengo más que serle completamente honesto y directo: …dejo su caso, esto es lo que faltaba, ¡la cereza del pastel!

NARRADOR: En ese momento Eric le declara la guerra al Abogado mientras saca una pistola que tenía guardada, la cual alista y dispara. 

 

Fin de la escena. 

 

ESCOBITA: ¿Mata al abogado? 

 

SEÑOR: (A la Escobita) O se suicida…

 

El Habitante de Calle les hace un gesto para evadir responder. Se devuelve a la banca y se sienta. 

 

HABITANTE DE CALLE: Maldito sea el soldado que vuelve sus armas contra su pueblo.

Silencio. De repente el Habitante de Calle inicia una nueva escena en donde él es un capitán pirata al timón del paradero de buses que es su barco. 

 

HABITANTE DE CALLE: (A la Escobita) ¡Hey Bonny, tu capitán Bonnet te necesita, ven a coger el timón que necesito asomarme a ver la luna! (La Escobita, tras pensarlo unos segundos, se acerca al Habitante de Calle, quien le coloca las manos en “el timón”) Hay que agarrarlo fuerte para que la marea, que está fuerte, no nos desvíe de nuestro rumbo. (Al Señor) ¿Y usted? ¡A trabajar!

 

SEÑOR: ¿Rumbo?

 

HABITANTE DE CALLE: Siempre hay rumbo. 

 

SEÑOR: ¿Y cuál es su rumbo?

HABITANTE DE CALLE: Nuestro rumbo es… el que se le antoje, tercer capitán al mando. ¿Qué rumbo desea camarada, Morgan? 

 

La Escobita, que se ha unido al juego, ha sacado su radio. Lo prende y lo desintoniza de manera tal que solo suene ruido rosa. 

 

ESCOBITA: ¡La tormenta es cada vez más amenazadora, capitán…capitanes!

 

HABITANTE DE CALLE: ¡Rumbo a la….

 

SEÑOR: ¡Al palacio!

 

ESCOBITA: ¿Cuál? 

 

SEÑOR: Al Palacio… ¡de Justicia!

 

ESCOBITA: ¡Pero estamos lejos y la tormenta es cada vez más intensa!

 

HABITANTE DE CALLE: ¡Echemos el miedo a la espalda y salvemos a la patria, camaradas! ¡Morgan, ayude a Bonny con el timón, que uno solo no podrá con él! (Se sube encima del techo de paradero mientras la Escobita y el Señor forcejean juntos el timón) Hoy es luna llena por lo que el mar está picado. ¡Viene una gran ola! (Se asoma por debajo del techo para hablarle al Señor) ¡Más le vale Morgan, que mantenga a César en su hombro para que no se lo devore la marea! 

 

El Señor suelta el timón para alzar a Hoder. La Escobita inmersa en el juego se le va el timón. Pide urgente ayuda del Señor, quien atiende a su urgencia y agarra el timón con la mano libre, pues en la otra carga a Hoder. El Habitante baja del techo y se asoma por la borda. 

SEÑOR: (Entre el ruido de la tormenta, habla con fuerza para ser escuchado) Hoder. “César” se llama Hoder. Hoder es un Di-s nórdico ciego que fue engañado y guiado a matar a su hermano gemelo Baldur. Hoder es el Di-s de la oscuridad, por eso lo llamé así, a Hoder le encanta salir de noche. Él sabría defenderse solo ante esta tempestad. 

HABITANTE DE CALLE: (Señalando a Hoder) ¿Es ciego?

SEÑOR: Lo es.

ESCOBITA: ¡Ya se divisa el Palacio!

SEÑOR: ¿Y ahora? 

HABITANTE DE CALLE: ¡Camaradas, si las armas nos dieron la independencia, y las leyes no supieron funcionar, el canto nos dará la libertad! (Canta lo siguiente) 

Que es mi barco, mi tesoro,
que es mi Di-s la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

 

La Escobita y el Señor se unen al canto del Habitante de Calle. El canto es una euforia. De repente, por el lado derecho del escenario entra un Ejecutivo, va vestido de traje, bien peinado, con audífonos puestos y con su maletín en mano. Con este, paulatinamente hasta el final de la obra irá apareciendo un sonido ambiente de ciudad. Al ver al Ejecutivo entrar el Señor corta su canto abruptamente. La Escobita sigue cantando hasta que el Ejecutivo, ya sentado en la banca, voltea a mirar acusadoramente a los autores del relajo. La Escobita deja de cantar paulatinamente y termina por apagar el radio. El Habitante de Calle sigue con el canto indiferente al desertar de sus compañeros. El Señor, incómodo por la nueva presencia, hace un gesto sutil de despedida a la Escobita y al Habitante de Calle. Tras reflexionar unos momentos, sale del espacio con Hoder. La Escobita al verlo partir va por su carrito. Vuelve cerca al Habitante de Calle que aún canta.

 

ESCOBITA: Capitán, un tesoro nocturno (Saca el portarretratos de su ropa y se lo ofrece al Habitante de Calle. Al ver que este no le presta atención, lo deja en el piso) Gracias, capitán Bonnet.

 

La Escobita sale del espacio. El Habitante de Calle hace caso omiso a ambas partidas y continúa con su canto unos momentos. De pronto, calla. Observa el lugar una vez más. Descubre el portarretratos que la Escobita le dejó. Lo recoge. Luego se dirige a las canecas y saca el papel que había escondido el Niño Habitante de Calle al inicio de la obra. Lo lee. 

 

HABITANTE DE CALLE: (Al Ejecutivo) Las naciones marchan hacia su grandeza al mismo paso que avanza su educación. 

El Ejecutivo, que no lo escucha, lo mira por un instante de reojo y despectivamente. El Habitante de Calle observa una última vez el lugar, luego guarda el papelito en el bolsillo interno de su saco. Comienza a tararear la canción del pirata y sale del espacio. Suena el pito de un bus.

Black out. 

 

 

FIN

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